PREGUNTAS FRECUENTES ACERCA DE HURACANES

Preguntas frecuentes acerca de huracanes con respuestas cortas

15. ¿Cuál es el primer relato de un huracán?

Cristóbal Colón, en el accidentado regreso de su primer viaje, en el cual padeció dos semanas de severas tormentas y graves peligros, describe en el diario que llevaba a bordo, que el lunes 18 de febrero de 1493, al amanecer, pudieron acercarse a la isla de Santa María de las Azores. Mandó echar la última ancla que le quedaba y envió un bote a tierra. Cuando sus marinos hicieron contacto con la gente, éstos les dijeron que jamás habían visto tanta tormenta como la de estos últimos quince días y estaban maravillados de cómo la carabela “La Niña” había escapado de un irremediable hundimiento. Daban gracias a Dios y manifestaban estar muy contentos, pues, no se sabe cómo, estaban enterados de que el almirante había llegado por un nuevo camino a las Indias.

Colón nunca nombró la palabra huracán, pero en un relato de fray Bartolomé de las Casas, sobre al cuarto viaje de Colón, en 1502, cuando ya había perdido el favor de los reyes, además de tener expresa prohibición de entrar en Santo Domingo, narra una tormenta que no podía ser otra cosa que un poderoso huracán, aunque el fraile tampoco usa la denominación huracán. El almirante, viendo que no se le permitió entrar a puerto, y en conocimiento de que las 31 naves que había traído Ovando estaban por partir, le mandó decir al nuevo gobernador que no las dejase salir en los próximos ocho días, porque tenía por cierto que vendría una enorme tormenta. Pero nadie creyó sus palabras, “los marineros y pilotos, unos se burlaron de ello y quizás de él; otros lo tuvieron por adivino; otros mofando, por profeta, no curaron de detenerse (...)” Sin hacerle caso se embarcaron: “el comendador Bobadilla y mucha otra gente (...), metieron allí también cien mil castellanos de oro del rey (...) y otros cien mil de los pasajeros (...), estos doscientos mil pesos más se estimaban, según la penuria que había de dinero entonces en España (...). Así que salió por principios de julio nuestra flota de 30 o 31 navíos (...) y desde a 30 o 40 horas vino tan extraña tempestad y tan brava, que muchos años había que hombres en el mar de España ni en otros mares, tanta ni tal ni tan triste habían experimentado. Perecieron con ellas las veinte velas o naos, sin que hombre, chico ni grande de ellas escapase, ni vivo ni muerto se hallase (...). Allí hubo fin el comendador Bobadilla (...), allí se hundió todo aquel número de 200 mil pesos de oro (...)”. La gigantesca tormenta, además de los daños a la flota, arrasó las frágiles construcciones de la ciudad de Santo Domingo. Debido a esto, entre las primeras gestiones de Ovando estaría el traslado de la ciudad a la otra orilla del río Ozama y la construcción de edificaciones más sólidas, calles más anchas y mejor trazadas.

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