Basura en boga

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 02 de junio de 2017

 

Basura en boga - PDVSAPDVSA hace 18 años era una tacita de plata, una empresa modelo entre las mejor organizadas del planeta, de las más profesionales y transparentes, reconocida por su excelencia. La PDVSA actual es la antípoda de lo que fue durante la mal llamada cuarta república, y hoy vemos con tristeza los titulares internacionales que reseñan la venta de bonos de la estatal petrolera venezolana con 69% de descuento. ¿Qué pasó con nuestra empresa emblemática? ¿Cómo pudo transitar en tan pocos años de tacita de plata a vendedora de bonos basura? ¿Cómo pudo suceder esto justo después de la más larga bonanza petrolera de su historia?

La definición más común de bono basura es, un instrumento emitidos por países o entes caracterizados por presentar un elevado riesgo de impago tanto del capital como de los intereses. Para poder colocarlos en los mercados financieros sus emisores deben ofrecer una rentabilidad elevada. A buen entendedor pocas palabras. Lo que no se ve tan sencillo es responder las preguntas arriba mencionadas.

Sin duda fue el pitazo aquél que dio la partida hacia el gran desastre. El pitazo originario, ese con el que se echó a la calle a 18.000 profesionales, en su mayoría empleados por sus méritos. La botada de meritocracia más grande de la historia fue televisada en cadena nacional, con pito, gorra y árbitro incluido, ese que sin pudor alguno sacó tarjeta roja a 18.000 jugadores sin pagarles las prestaciones sociales. Los autores de la excelencia de PDVSA quedaban fuera, sin compasión, a la intemperie. Peor aún, acompañados del grito de guerra ¡¡¡Ahora PDVSA es del pueblo!!! Aplaudido por los asiduos, celebrado por los medios oficiales, recibido con estupor por la mayoría y con alarma por los expertos petroleros.

Luego de echar a quienes con laboriosidad de hormiga fueron construyendo durante años esa hermosa y renombrada tacita de plata, comenzó el declive de la gran empresa. La falta de excelencia daba paso a la ruina. Al tiempo PDVSA devendría en el triste papel de vendedora de bonos basura, consecuencia de malos manejos de sus jefes y empleados sin más credenciales que sus carnets del partido, gente venida de otros oficios que nada tenían que ver con exploración, refinación y venta de crudo. Muchos ni habían visto en su vida un pozo petrolero y ni siquiera un aula universitaria. No todos, pero si la mayoría fueron quienes ocuparon los espacios dejados por la excelencia. Con su llegada se agregó al modelo comercial tradicional un sistema de vendedores de maletín que comercializaban petróleo hasta por internet sin mayores controles y de las maneras menos ortodoxas vistas.

Como si todo esto fuera poco, hicieron indulgencias con escapulario ajeno, es decir, regalaron miles de barriles de petróleo, de todos los venezolanos, como si fueran de ellos, con envíos regulares y diarios a la isla y a precios de gallina flaca a las otras islitas, que al no tener efectivo para pagar las facturas petroleras, todavía hoy día, a pesar de la situación de PDVSA, lo siguen pagando con sus votos en los organismos internacionales, sin remordimientos, sin moral o con la moral del pragmatismo, sin inmutarse con la sangre derramada en las calles de Venezuela y en las pantallas de todo el mundo, consecuencia de la descomunal represión contra las protestas por hambre, falta de medicinas, atención hospitalaria, alto costo de la vida, una inseguridad multiplicada en la impunidad. ¿Cuántas vidas pudieran salvarse si los gobiernos de las islitas cambiaran su voto?

Así las cosas, PDVSA se ha convertido en un gigantesco ventilador que esparce sus bonos basura a todos los ámbitos de la nación. Vemos cómo con sus bonos ha contaminado las calles, los billetes de cien, el cono monetario, pulverizado el presupuesto familiar, instaurado la hiper inflación y la recesión e incrementado la inseguridad y la impunidad.

Nunca pensaron que tantos errores, tanto caos, tanta corrupción, con el transcurrir de los tiempos traería sus efectos. No pensaron que el petróleo caro no iba a ser eterno. Y ahora no piensan que la represión no es la solución para la magnitud de los problemas. Dejaron el país en ruinas y ni ello es suficiente para que piensen que la constituyente espuria no podrá ser su tabla de salvación. Una vez más yerran en sus cálculos porque no perciben que los problemas cada día son más inmensos e inmanejables y ni lo intentan. Ya el país no soporta más tanquetas, más bonos basura ni más gente comiendo de la basura.

 

 

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