Burocracia española aún bajo ataque de los indígenas

Breve Historia de la fundación de Caracas. Parte 9

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 19 de julio de 2017

 

Caracas y el Avila 9 para WEB SGK Serie articulos "Breve historia de la fundación de Caracas" por Sandor Alejandro Gerendas-KissEl 1° de enero de 1564 se inició el segundo mandato de Alonso Bernáldez, nombrado gobernador interino por la Audiencia de Santo Domingo, con “el encargo especial de la Real Audiencia de proceder al castigo y conquista de los indios caracas que se habían hecho culpables de la muerte de Juan Rodríguez Suárez, del exterminio de la expedición de Narváez y últimamente (…) del asesinato de Diego García de Paredes y sus acompañantes”. Al tanto Gutierre de la Peña, quien fuera gobernador y capitán general interino de Venezuela durante 1558-59, regresaba de España con el ostentoso título de mariscal, con escudo de nobleza y regidor perpetuo de todas las ciudades de Venezuela, por concesión del rey

El 18 de enero, Bernáldez extendió nombramiento a Gutierre como jefe de la expedición del valle de los caracas. El extenso documento fue redactado por insistencia del mariscal. Una vez firmado el mandato, Gutierre pasó a El Tocuyo para dar inicio a los preparativos que, según el contrato, debía realizarlos en un plazo máximo de tres meses. Como el tiempo pasaba y no lograba reunir la gente necesaria salió con dos hijos y dos sobrinos y unas cuantas personas más, que no pasaban de siete u ocho, con destino a Barquisimeto, donde tampoco consiguió quién lo quisiera acompañar. El mismo resultado obtuvo en Valencia. El mariscal, sintiéndose “desairado”, siguió a Borburata, donde los pocos vecinos se asombraron de lo exiguo de su contingente para una empresa tan difícil como la conquista del valle de los caracas. Para acometer dicha tarea, el difunto Pérez de Manzanedo había calculado que se necesitaban al menos 200 efectivos.

Ante tales noticias, Bernáldez llegó a Borburata con un contingente de soldados, cuatro criados y cuatro esclavos negros, armas, pertrechos, cinco caballos, todo costeado de su propio peculio. Su arribo al puerto levantó el ánimo de los vecinos. En vista del descrédito del mariscal, el gobernador optó por colocarse él mismo al frente de la expedición, nombrando a Gutierre su segundo. Marchó a Valencia, desde donde envió órdenes a los pueblos de la provincia para que mandasen más tropas. Al saberse los cambios en el mando, se logró reunir unos cien soldados. Entre quienes se alistaron estaban Alonso Díaz y Vicente Díaz, dos de los fundadores de Valencia, en 1555, quienes aportaron a la expedición gran cantidad de armas, caballos y abastecimientos. El nuevo contingente salió de Valencia, juntándose en la sabana de Tapatapa con Francisco de Madrid, alcalde de la ciudad, quien disponía de algunos indios y abastecimientos.

El 8 de agosto, con cantidad de indios, rebaño de carneros y provisiones, se encontraban en el valle del Cáncer, en las cercanías de la loma de Terepaima, especie de muralla natural defensiva de los indios, situada a media legua del lugar donde mataron a Rodríguez Suárez y desbarataron las tropas de Narváez. Este conocimiento infundió fuertes temores a los españoles y, en efecto, el ataque de los indios no se hizo esperar. Bajo la lluvia de flechas uno de los negros murió y ocho españoles e igual número de indios resultaron heridos. Todo esto, sumado a los antecedentes del lugar, multiplicó la aprensión de la gente y en especial la de Gutierre de la Peña, quien no aceptó acaudillar ciertas operaciones y con su actitud comenzó a erosionarse la moral de los soldados. El mariscal no cesaba de repetir que estaban en grave peligro de muerte. Bernáldez trató de contrarrestar sus palabras arengando a la tropa, sin mucho éxito, puesto que 70 soldados pidieron por escrito que no se siguiera adelante con la expedición y que se regresara por más ayuda.

El 16 de agosto Bernáldez levantó un largo y pormenorizado informe fechado en el valle del Cáncer, en el que exponía lo que había ocurrido en la jornada de las caracas, desde que nombró a Gutierre hasta la fecha, apuntalado con testigos, preguntas, evacuación de pruebas y otros recaudos burocráticos, cuestión insólita al ser realizado en pleno campo de batalla. Los funcionarios españoles hacían esto para justificar y proteger sus espaldas ante el rey. En este caso Bernáldez quiso documentar su inminente separación de las tropas y prevenirse de alguna futura acusación o juicio en su contra. Hecho el informe, el gobernador nombró a Francisco de Madrid jefe de la expedición. Preguntó al mariscal si quería quedarse en el real o irse con él para ayudarlo a reclutar soldados. Éste le manifestó su deseo de obtener licencia para irse con sus dos hijos. Bernáldez accedió a uno solo. Ya cuando el gobernador estaba por partir se presentó Gutierre con nuevas pretensiones a lo que ya no cedió. El mariscal formó un gran escándalo y profirió amenazas a Bernáldez, por lo que éste no solo le revocó la licencia, sino que ordenó que se le impidiera abandonar el campo.

Al día siguiente de la retirada del gobernador Francisco de Madrid salió del valle del Cáncer y estableció el real en la sabana de Guaracarima, a poca distancia de la futura población de El Consejo, por considerar que allí estaban mejor resguardados de los ataques de los indios. El 23 de agosto, Gutierre logró huir, a pesar de que Madrid lo había desarmado y puesto preso, llevándose consigo a sus familiares. Siguiendo su ejemplo, comenzaron a desertar otros grupos, dejando el campamento casi despoblado, escondiéndose en diferentes pueblos para evadir la justicia. Madrid dispersó las tropas restantes, poniendo término a la campaña.

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