Corta historia del Protocolo de Montreal y los agujeros en la capa de ozono

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 19 de octubre de 2018
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El descubrimiento de los huecos en la capa de ozono y de cómo el problema fue abordado mediante el Protocolo de Montreal, es un claro ejemplo de cómo las investigaciones y los descubrimientos científicos sobre anomalías climáticas y ambientales pueden ser discutidos y resueltos exitosamente por las naciones mediante acuerdos, tratados y protocolos, cuando existe el consenso y la voluntad para ello.

Sin embargo, el cumplimiento y el éxito final de los acuerdos depende de los humanos, pero sobre todo de los países, sus gobernantes y empresarios. El control y la supervisión son imprescindibles, pero si éstos no funcionan localmente, queda el recurso de la observación de los científicos y especialistas mediante los recursos que dispone la ciencia y la alta tecnología. A la NASA debemos reconocerle el constante monitoreo de la atmósfera, y en este caso de la capa de ozono, crucial para saber el estado de la cuestión.

Para que la capa de ozono se recupere es necesario que el Protocolo de Montreal se cumpla. Decimos esto porque se ha detectado recientemente algo que no funciona según lo acordado. “Desde hace seis años el descenso de la presencia de clorofluorocarbonos en la atmósfera se había ralentizado en un 50%.” Ya se tienen ciertos indicios de algunos factores que lo ocasionan, pero todavía faltan otros por averiguar, y en especial cuáles son los lugares de donde proceden las emisiones ilegales.

El Protocolo de Montreal prohibió el uso de los clorofluorocarbonos (CFC), luego de que se comprobara que el incoloro gas causaba importantes deterioros en la capa de ozono. Esta molécula es liberada principalmente por los sistemas de refrigeración, como neveras y aparatos de aire acondicionado y por aerosoles.

En gran proporción los CFC fueron sustituidos por hidroclorofluorocarbonos (HCFC), que también dañan la capa de ozono, aunque su efecto es casi 20 veces menor. Por ello el HCFC es un reemplazo transitorio hasta conseguir un método completamente limpio en el futuro.

La capa de ozono es el filtro natural de nuestro planeta que nos protege de los potentes rayos ultravioletas (UV). Con su ayuda se disminuyen los riesgos de contraer cáncer de piel o cataratas, entre otras enfermedades. Por ello es tan importante que se cumplan los acuerdos del Protocolo de Montreal.

La NASA afirma que, si no se hubiera firmado el Protocolo de Montreal, dos terceras partes de la capa de ozono hubieran sido destruidos. La radiación UV, que daña el ADN, hubiera aumentado seis veces. Apenas cinco minutos de exposición al Sol habría causado quemaduras a la piel.

“El agujero de la capa de ozono es una zona de la atmósfera terrestre donde se producen reducciones anormales de la capa de ozono. Es un fenómeno anual observado durante la primavera en las regiones polares y que es seguido de una recuperación durante el verano”.

El hemisferio Sur de la Tierra es el más afectado por el problema de los agujeros de Ozono, situados en gran parte sobre la Antártida. En América Latina, Chile y Argentina son los dos países más vulnerables.

Cronología del Protocolo de Montreal

1974. Frank Sherwood Rowland, científico estadunidense, y su colaborador Mario Molina, científico mexicano, fueron los primeros en demostrar que los clorofluorocarbonos (CFC) utilizados en los sistemas de refrigeración y como propulsores de atomizadores, eran letales para la capa de ozono que protege la vida en la Tierra. En 1995 compartirían el Premio Nobel de Química con el holandés Paul Crutzen.

1974. Rowland y Molina testifican sus descubrimientos ante una audiencia de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América en el mes de diciembre.

1976. La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publica un informe que valida los resultados y le otorga credibilidad a la hipótesis de Molina y Rowland.

1980. Durante la década de 1980, la firma DuPont, el mayor productor de CFC mundial, intenta infructuosamente convencer al gobierno de los Estados Unidos, y al público en general, de que los CFC no son los responsables del agotamiento de la capa de ozono.

1985. El 16 de mayo Joseph Farman, Brian Gardiner y John Shanklin, quienes trabajaban para el servicio antártico británico, sacuden al mundo al publicar en la revista Nature un artículo que documentaba cómo la capa de ozono, situada sobre el continente antártico, se estaba reduciendo con mayor rapidez de lo anticipado. Dos años después se firmaría el protocolo de Montreal, un acuerdo que prohíbe el uso de los (CFC).

1987. Representantes de 43 naciones firman el Protocolo de Montreal. Se comprometen a mantener los niveles de producción de CFC de 1986 y reducirlos en un 50% en 1999.

1989. El Protocolo de Montreal entra en vigor el 1 de enero.

1990. Al irse acumulando más evidencia científica sobre el origen humano del aumento o la disminución del ozono de la atmósfera, se firma un nuevo acuerdo en 1990 en Londres. Los participantes se comprometen a eliminar totalmente los CFC en el año 2000. Sólo se permite un pequeño porcentaje marcado como de uso esencial, como los inhaladores para casos de asma.

1992. Una nueva reunión en Copenhague adelanta la fecha de eliminación del CFC para 1996. Deseos que en años posteriores se demostraría que fueron demasiado optimistas.

1992-1999. El documento del Protocolo de Montreal fue revisado varias veces: 1991, Nairobi; 1992, Copenhague; 1993, Bangkok; 1995, Viena; 1997, Montreal y en 1999, Beijing.

1995. Los doce países de la Comunidad Europea prohíben a partir del 1 de enero de 1995 el uso del CFC, los cuales son sustituidos por los HCFC temporalmente, por ser 20 veces menos destructores que el CFC, hasta encontrar un sustituto definitivo.

2001. En un informe la NASA encuentra que el debilitamiento del ozono sobre la Antártida se había mantenido igual al de los tres años anteriores.

2003. El agujero de ozono alcanza su segunda mayor extensión de la historia.

2006. Se prohíbe el uso de los CFC a nivel mundial. La evaluación científica de este año afirma que “El Protocolo de Montreal está funcionando. Existen claras muestras de una disminución en la presencia de sustancias que agotan el ozono y algunas señales tempranas de una recuperación del ozono estratosférico”.

2013. Las Partes del Protocolo han acordado este año como límite para dejar fijos los niveles de producción de los HCFC y acordaron iniciar el proceso de reducción a partir de 2015.

2017. El 28 junio, BBC Mundo Ciencia, titula: “La sustancia química que vuelve a poner en peligro la capa de ozono”. Contra todo pronóstico indica: “La recuperación de la capa de ozono podría demorarse varias décadas más de lo previsto si no se frenan las crecientes emisiones de diclorometano, una sustancia química utilizada como disolvente de pintura y para preparar compuestos químicos para refrigeradores y aires acondicionados, reveló una nueva investigación. Sin embargo, el diclorometano -conocido también como cloruro de metileno- no fue incluido en el Protocolo, debido a que tiene una vida corta (es decir, se descompone al cabo de unos cinco meses). No obstante, libera cloro que puede llegar a destruir el ozono, si llega a la capa de ozono que está en la estratosfera”. Según un estudio, publicado en la revista Nature Communications, los niveles de diclorometano en la atmósfera se incrementaron en un 8% por año entre 2004 y 2014. Tomando en cuenta estos nuevos datos, algunos científicos recalcularon los tiempos de cierre de los huecos para 2065-2095.

2018. En mayo de este año, un estudio liderado por Stephen Motzka, investigador químico de NOAA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, “reportó que en algún lugar de Asia se están generando emisiones de sustancias químicas prohibidas que deterioran la capa de ozono”. “Unos meses después, la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), basada en Reino Unido, dijo que esos gases podían provenir de los aislantes de espuma de poliuretano para uso doméstico producidos en China a precio reducido, aunque todavía se está investigando”.

Como dijimos al principio, para que la capa de ozono se recupere es necesario que el Protocolo se cumpla estrictamente. Es urgente determinar el origen de la anomalía y retomar la buena senda de Montreal.

Todos estos asuntos relacionados con el clima serían más fáciles de resolver si se contara con la atención de una mayor cantidad de personas. La buena noticia es que esto ocurrió a principios de este mes, durante la presentación del Quinto Informe del IPCC, realizada en Incheon, Corea del Sur, en el cual se alertó sobre los peligros si no se frena el calentamiento global.

Esta reunión tuvo el mérito de lograr titulares en numerosos medios alrededor del mundo, solo comparable con el anuncio de la aprobación del Acuerdo de París en 2015. En las redes y en los sitios web aumentó de forma notoria la cantidad de personas que entraron para buscar información y opinar sobre el tema.

Sin duda, en este tema se ha avanzado, pero hay que seguir luchando para captar el interés de las grandes mayorías.

Fuentes:

BBC Mundo. Cuál es el estado del agujero de la capa de ozono y a qué países de América Latina afecta más. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-45529409

Wikipedia.org. Protocolo de Montreal. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Protocolo_de_Montreal

BBC Mundo. Alguien está haciendo trampa el misterioso aumento de las emisiones químicas prohibidas que dañan la capa de ozono. Recuperado de.https://www.bbc.com/mundo/noticias-44163636

UPI.com. NOAA reports rising concentration of ozone-eating CFCs. Recuperado de https://www.upi.com/NOAA-reports-rising-concentration-of-ozone-eating-CFCs/9171526928960/

BBC Mundo. La sustancia química que vuelve a poner en peligro la capa de ozono. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-40430840

 

 

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