En materia de Cambio Climático Trump no es el mayor problema

 

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 13 de junio de 2017

 

 

Trump-y-el-Cambio-ClimaticoLa salida de Estados Unidos del Acuerdo de París es un obstáculo para alcanzar las metas de la lucha contra el Cambio Climático. Obviamente lo es, pero Trump no va a durar más de cuatro años en la Casa Blanca, y por los vientos que soplan puede que tenga que marcharse antes. En el peor de los casos su periodo vence en 2020, año de la entrada en vigencia del Acuerdo. En ese momento Estados Unidos todavía estaría a tiempo de ponerse al día con el planeta mediante un nuevo presidente. Además, hay estados como California, Nueva York y otros, dispuestos a continuar sus programas ambiéntales, así como también algunas corporaciones emblemáticas.

Existen situaciones más complejas de solucionar que la cuestión americana. Muy graves, quizás irreversibles, como la veloz deforestación de las dos selvas más importantes de la Tierra, ambos pulmones del mundo. También penden varias espadas de Damocles sobre la humanidad, como el derretimiento de los polos, el deterioro de las barreras de coral o el peligro de extinción de los grandes mamíferos de colmillos preciosos o cuernos valiosos, que en unas décadas solo podrán verse en museos o soportes digitales si no se logra parar a los mercaderes de marfil y cuernos de rinocerontes. También podemos citar la depredación que algunos homo sapiens cometen contra ballenas y peces de ríos, mares y océanos, a una velocidad que supera a la de su reproducción. Hay decenas de ejemplos más, pero hoy solo nos vamos a enfocar en las dos selvas tropicales más importantes del mundo.

Borneo y Amazonas, dos selvas en vías de destrucción

Borneo está en fase terminal. La isla del Sudeste asiático, mayor que Francia, ya ha sido esquilmada en sus dos terceras partes en menos de 50 años, aquello que le tomó a la naturaleza millones de años para formarlo, en su mayoría ya no existe. Dividida políticamente en tres partes: Malasia, 26,7%, Indonesia, 72,6% y Brunéi menos del 1%. En un principio los bosques cubrían la casi totalidad de la isla, de unos 18 millones de habitantes, y una fauna entre las más biodiversas del mundo. La otrora selva lluviosa incombustible es hoy un lugar árido, donde los grandes incendios forestales son frecuentes y cuyo cambio climático regional ya se ha consumado y es de incuestionable origen humano. La modificación del clima ha afectado a toda la región, alcanzando incluso a Australia.

Los bosques de grandes árboles fueron saqueados, millones de troncos embarcados y Borneo convertido en el principal exportador de maderas del mundo. Esto sucedió en las tres últimas décadas del siglo XX. Luego, el terreno vacío fue ocupado por campos de cultivo de palmas de aceite, y la castigada isla una vez más se convirtió en la mayor exportadora, esta vez de aceite de palma. La exógena especie vegetal nada aporta al medio ambiente y más bien degrada los suelos y ha sido una calamidad para centenares de especies que han visto destruidos sus hábitats, siendo el orangután uno de los más perjudicado, símbolo de la isla por su otrora numerosa población, que en tiempo récord ha ingresado a las listas locales de especies en peligro de extinción.

La política, combinada con los grandes negocios y la corrupción fue causa de la tragedia de Borneo. La humanidad ni se enteraba de ello y quizás ni hoy día conoce lo ocurrido. Solo hay que preguntar a un amigo si sabe dónde queda Borneo para escuchar un silencio o un tímido no. Al tanto que Malasia agotaba sus bosques interiores el presidente de Indonesia, Mohammad Suharto, repartía grandes extensiones de selvas madereras a sus generales del ejército, para asegurarse lealtades y su permanencia en el poder (1969-1998). La industria y el comercio de la madera se incrementó a velocidades nunca vistas durante ese periodo. Ya entrado el siglo XXI el cambio climático regional está consumado y es irreversible a pesar de los esfuerzos realizados por algunas ONG ecologistas. El daño del “suhartazo” ha sido demasiado extenso para que pueda ser reparado.

La selva del Amazonas, con una superficie de unos seis millones de Km2 pudiera albergar 12 veces a España. Representa un poco más de la mitad de la totalidad de selvas tropicales del planeta. Es compartida por nueve países, con Brasil y Perú los dos con mayor participación. Posee una de las biodiversidades más ricas del mundo, con cerca del 30% de las especies del planeta. Más de la mitad de los diez millones de especies de insectos y plantas del mundo habitan en la selva sudamericana. La Amazonía debe su calificación de pulmón del mundo por poseer un rol clave en la regulación del dióxido de carbono y el oxígeno en la atmósfera de la Tierra.

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Mapa deforestación de la Selva Amazónica
En verde los bosques, en marrón las sabanas y en amarillo las tierra deforestadas. Imagen Claudia Stickler

Amazonas va por la mismo vía de destrucción de Borneo, pero, al tener una superficie ocho veces mayor, el proceso es más lento, menos visible y más complejo de cuantificar, aunque cabe señalar que, en los últimos años, gracias a la vigilancia satelital y la técnica de los drones se están cuantificando los daños de la selva y su progresivo avance. Las principales causas de la deforestación son: la tala de árboles para exportación de maderas, las quemas de vegetación para conquistar espacios para la ganadería, la agricultura y los hábitats de los conglomerados humanos que trabajan en los bosques y en consecuencia multiplican viviendas, caminos de penetración, en una lenta pero constante “favelización” de la selva. Las investigaciones han determinado que los bosques tropicales pierden biodiversidad no solo por la deforestación, sino por la creciente presencia humana.

Si bien es cierto que en 2006 se decretó una moratoria de la soja por diez años, la deforestación para su siembra fue reiniciada un año antes de su conclusión. Además, durante ese período no se detuvo la deforestación para otros fines. La producción agrícola ha sido responsable de casi 50% de la deforestación ilegal entre 2000 y 2012. Un estudio de 2014 reveló que en los dos años previos a la moratoria casi el 30% de la expansión de soya en Amazonas se efectuó a expensas de la deforestación. Hace apenas unos días, el 05/06/2017 apareció una información en Mongabay Latam, un sitio web especializado en temas medioambientales, según la cual, en razón de la actual crisis política de Brasil, el Congreso eliminaría la protección de 1,2 millones de hectáreas de bosques que se destinarán a los cultivos, impulsado por una renovada fiebre por la soya y otros productos agrícolas, que puede poner en peligro los esfuerzos realizados para la preservación de la biodiversidad del Amazonas y por ende el cambio climático.

Sin duda Brasil, por el tamaño que le corresponde de la selva, ha sido el mayor responsable de su destrucción, sin embargo, países con menores territorios tampoco tienen sus ojos puestos en el futuro, como es el caso de Bolivia, cuyo gobierno, en el marco de la “soberanía alimentaria”, ha anunciado que despejará 5 millones de hectáreas del Amazonas hasta el 2025, equivalentes a unos 5 millones de canchas de futbol, para convertirlas en parcelas de cultivo. “Alrededor de 350 mil hectáreas fueron deforestadas, en promedio, cada año desde 2011, según la ONG Centro de Documentación e Información Bolivia. Esa cifra ha aumentado desde las 148 mil hectáreas deforestadas anualmente en los noventa y las 270 mil hectáreas registradas en promedio durante la década del 2000”, según el diario El País, España, 29/09/2014.

Amazonas es enorme, pero es un sistema, y por tanto es frágil. Como todo ente sistémico cada uno de sus componentes o funciones afecta a los demás, aunque, según hemos dicho, como el proceso es más lento que el de Borneo, no se notan los cambios en períodos cortos. La gigantesca variedad de especies que habita la selva hace muy difícil, si no imposible, anticipar los hechos que pudieran ocurrir a consecuencia de una crisis de extinción de especies en cascada, que in extremis, pudiera ser catastrófico. Ningún programa matemático es capaz de predecir los escenarios que puedan derivar de las variaciones y combinaciones en las cadenas tróficas a medida que la gigantesca cantidad de especies se vaya extinguiendo por la destrucción de sus hábitats, al ritmo que irá marcando la deforestación. Por ello, es irresponsable continuar con la hostil destrucción de los bosques.

Al consultar numerosas fuentes, de diferentes épocas sobre las actividades en el Amazonas, hemos encontrado un patrón que se repite en el tiempo: falta de controles, violaciones de leyes, convenios y treguas, exoneración de multas a infractores, compras de lealtades, falsificación de permisos de deforestación y facturas de soporte a las exportaciones ilegales de madera, complicidad de países receptores, sobornos, doble discurso de gobiernos y políticos y una compleja red de mafias cuyos tentáculos parecen estar moviendo toda la selva. El último eslabón de la cadena está conformado por el sicariato. Los sicarios son los que vigilan quiénes pueden entrar y quiénes no a los bosques. Son los que han asesinado a decenas de activistas de la Amazonía, cuando éstos se acercan a lugares que según criterio del crimen organizado no deben observar lo que allí adentro están haciendo. Mientras las mafias estén en control no habrá tratado, acuerdo, constitución o policía ambiental que valga. Solo cuando hayan sido expulsadas se podrá legislar y aplicar la ley. La mala noticia es que las mafias nunca han podido erradicase de los lugares donde se han incrustado. Si la humanidad no logra resolver esta situación, la selva del Amazonas está sentenciada a muerte. Solo es cuestión de tiempo.

Fuentes

Sue Branford (sf), Caitlin Hackett (traducción). Brasil: 1,2 millones de hectáreas de bosque en peligro por reducción de unidades de conservación. En Mongabay Latam‏. Recuperado el 12de junio de 2017 de https://es.mongabay.com

Adario, P. (Greenpeace) (29 de septiembre de 2014) La destrucción de la Amazonia también es problema de usted. El País. España. Recuperado de http://elpais.com

Tabuchi, H., Rigby, C. y White, J. (25 de febrero de 2017) La deforestación del Amazonas regresa con fuerza. The New York Times en español. Recuperado de https://www.nytimes.com/es

 

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