El bienio 2019-2020 tendrá una connotación especial, debido a las tres fechas emblemáticas que se celebrarán en este período: el 25º aniversarios de la entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) (marzo de 1994). La entrega Nº 25 de la COP, y la entrada en vigor del Acuerdo de París (2020). A partir de ahora se inicia la prueba de fuego para las promesas y los acuerdos alcanzados. Sabremos si se sigue avanzando o se convertirán en letra muerta, lo cual, a estas alturas del juego, sería muy grave pues se traduciría en alerta roja para la humanidad y para la madre Tierra, que está perdiendo la paciencia ante tantas dilaciones, negaciones e indiferencia de nosotros los sapiens.

En primer lugar, en 2020 sabremos si se logran completar los primeros 100 mil millones de dólares del Fondo Verde para el Clima, creado para financiar proyectos, programas, políticas y otras actividades preventivas del cambio climático, para apoyar a países en desarrollo. Si se logra, será el pistoletazo de salida, la señal de buenos augurios. O quizás veamos nuevas excusas para no asumir los compromisos adquiridos, como tantas veces ha sucedido.

Cuando usted lea esta Breve Historia, se dará cuenta de lo que decimos y podrá hacer una lista de buenos propósitos, ideas, promesas, protocolos y acuerdos que se han quedado en el camino. Verá que en muchas reuniones cruciales, donde todo parecía ir viento en popa, en la última noche se derriban con los pies lo que durante dos semanas se había construido con las manos.

Si bien es cierto que el mundo en este cuarto de siglo ha mejorado su visión sobre temas como calentamiento global, cambio climático, energía eólica, energía solar, ciudades verdes y autos eléctricos, aún falta mucho por hacer. Los mayores problemas son de índole económico, puesto que las nuevas soluciones tocan grandes intereses que se resisten al cambio y hacen esfuerzos por negar las urgencias y pretenden mantener el sistema tal como está. No solo hablamos de las grandes corporaciones, sino también de países, aquellos que poseen bajo sus suelos y aguas enormes inventarios de combustibles fósiles o superficies con selvas formidables llenas de árboles, que miran como negocio y no están dispuestos a ponerles un candado. Pero también se resisten los países que no tienen recursos suficientes para acometer los cambios necesarios.

Por todas estas cosas, comienzan a intensificarse las dudas y críticas a las conferencias COP, a la CMNUCC y al propio Acuerdo de París. Entre las más duras que hemos visto está la de Climate Change News, en un artículo titulado: “After 25 years of failure, we should abandon the UNFCCC”, en español: “Después de 25 años de fracaso, debemos abandonar la CMNUCC”. Citamos algunas líneas de dicho artículo, traducido por nosotros:

“La CMNUCC se adoptó con el objetivo de «estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático». En los últimos 25 años, las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI), lejos de estabilizarse, han alcanzado niveles récord. La concentración atmosférica de dióxido de carbono (CO2), el principal GEI, aumentó de 358 partes por millón (ppm) en 1994 a 412 ppm en 2018. La última presencia de 400 ppm de CO2 en la Tierra fue hace aproximadamente 3 millones de años… La CMNUCC ha pasado de un Protocolo de Kyoto, legalmente vinculante de arriba hacia abajo, a un Acuerdo de París, voluntario y «autodeterminado» de abajo hacia arriba. Hoy en día, hay un signo de interrogación sobre la supervivencia del débil Acuerdo de París… Según el Acuerdo de París y su reglamento, todos los países están ahora por su cuenta para mitigar, adaptar y pagar los costos de los impactos climáticos. La CMNUCC ahora es simplemente una plataforma para recopilar, sintetizar y difundir información. No tiene las herramientas para impulsar la acción colectiva global para combatir el cambio climático.”

Desde lo más hondo de nuestro corazón, deseamos que finalmente prive la razón y se imponga un auténtico espíritu de lucha por resolver los problemas. Que nos aboquemos a salvar la maravillosa biodiversidad que tan amablemente ha acogido en su seno nuestro querido planeta Tierra.

Pasemos a la historia de las COP.

Las Conferencias sobre el Cambio Climático, una dilatada historia de desacuerdos y aplazamientos

La Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) establecida en mayo de 1992, en la Segunda Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro; entró en vigor en marzo de 1994 con la premisa de reforzar la conciencia pública a escala mundial sobre los problemas relativos al Cambio Climático. Entre sus objetivos principales se destaca la estabilización de las concentraciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera para impedir riesgos en el sistema climático. La Conferencia de las Partes (COP) se establece como el órgano supremo de la Convención y la asociación de todos los países que forman parte de ella. En las reuniones anuales participan expertos en medio ambiente, ministros, jefes de estado y organizaciones no gubernamentales.

1995, COP1, Berlín: La primera Conferencia COP

De ella salió el Mandato de Berlín, especie de catálogo de compromisos bastante indefinido, que permitía a los países escoger las iniciativas ajustados a sus necesidades particulares.

1996, COP2, Ginebra

Se adoptó por consenso la necesidad de fijar “objetivos cuantitativos vinculantes” sobre la limitación de emisiones de GEI por los países industrializados, con reducciones precisas para 2005, 2010 y 2020, y se conviene tratar esta materia el siguiente año en Kioto, Japón.

1997, COP3, Kioto: Nace el Protocolo de Kioto con fecha de defunción incorporada

La COP3 se reunió en la ciudad nipona, en donde tras intensas negociaciones vio luz el célebre Protocolo de Kioto que, hasta ese momento, junto con el Protocolo de Montreal (1987, protección de la capa de ozono), se perfilaba como uno de los dos documentos más importantes y esperanzadores de la humanidad para regular las actividades antropogénicas, capaz de recuperar el medio ambiente global. En Kioto se establecieron los objetivos vinculantes para las emisiones de GEI para 37 países industrializados, pero, dos de los más grandes emisores, Estados Unidos y China, no ratificaron el documento. Se acordó que el Protocolo de Kioto entraría en vigor once años después, en 2008, y su fecha de vencimiento venía pre marcada para 2012, estableciendo que los países desarrollados debían reducir en esos cinco años sus emisiones de GEI en un 5% respecto al nivel de 1990.

1998 – 2006: Nueve COP con pocos avances a reseñar

Entre estas fechas se celebraron nueve Conferencias de las Partes:

1998-2006. COP4 Buenos Aires. / 1999, COP5, Bonn. / 2000, COP6, La Haya y (2ª parte), Bonn. / 2001, COP7, Marrakech. / 2002, COP8, Nueva Delhi. / 2003 COP9, Milán. / 2004. COP10, Buenos Aires. / 2005. COP11, Montreal. / 2006, COP12, Nairobi. Fueron nueve años casi perdidos, empleados principalmente en la ultimación de los detalles del Protocolo de Kioto, con miras a 2008.

2007, COP 13, Bali: La ruta hacia la sustitución del Protocolo de Kioto

Durante la conferencia en Indonesia se dio un importante paso en la ruta hacia la sustitución del Protocolo de Kioto, sin que éste haya sido activado por un nuevo tratado. Además, se concluyó que los signos del calentamiento global son incuestionables y finalmente se adoptó el «Plan de Acción de Bali», que establecía el marco de negociaciones que conducirían a COP 15, Copenhague, dos años después.

2008, COP14, Poznán: La mirada hacia Copenhague

En esta ciudad de Polonia se recibió de manera positiva el programa de transferencia de tecnologías ecológicas racionales para países en desarrollo y se afinaron los detalles para la importante cita del año siguiente.

2009, COP15, Copenhague: La gran esperanza acaba en una gran decepción

Finalmente arribamos al tan esperado COP 15, reunión en la que se cifraba una inmensa esperanza. Se pensaba que le tocaría a la capital danesa el privilegio de dar las buenas noticias al mundo mediante el anuncio de un nuevo protocolo para la disminución de emisiones de GEI: «la conclusión de un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el clima, válido para todo el mundo, que se aplicará a partir de 2012», como rezaba su objetivo central previo a la cita.

Ello, en términos cuantificables, significaba la reducción de emisiones de CO2 a menos de 50% para 2050 respecto a 1990. Pero poco duró la euforia. Faltando tres semanas para los inicios de la COP15 se realizó una reunión en Tailandia, en la cual China y Estados Unidos decidieron que los acuerdos de Copenhague no tendrían carácter vinculante, de manera que la suerte de la Cumbre estaba echada antes de comenzar. Eran muy malas noticias y las pocas esperanzas de salvarla quedaron enterradas la última noche, cuando los presidentes de China, Estados Unidos, India, Brasil y Suráfrica, sin la presencia de los representantes europeos, ni los demás países, realizaron una reunión a puertas cerradas y en apenas tres folios redactaron un acuerdo no vinculante que ni siquiera fue sometido a votación.

Finalmente, solo fue expuesto a la «toma de conocimiento» de los asistentes, junto a la promesa de que, a principios de 2010, se trabajaría en una plataforma política, base para construir compromisos jurídicos vinculantes en COP 16. La cumbre, como era de esperarse, fue calificada de fracaso y desastre por muchos gobiernos y organizaciones ecologistas. Herman Van Rumpuy, presidente del Consejo Europeo, en un cable confidencial de la diplomacia estadounidense, filtrado por WikiLeaks, de fecha 4 de enero de 2010, tuvo expresiones muy duras: «Copenhague fue un desastre increíble (…) las cumbres multilaterales no funcionarán», y calificó la reunión de «Pesadilla en Elm Street II» y soltó la lapidaria frase: «¿quién quiere ver esa película de terror otra vez?»

2010, COP 16, Cancún: Creación del Fondo Verde para el Clima, una herramienta imprescindible

Entre los principales acuerdos que se lograron en México cabe destacar la creación del Fondo Verde para el Clima, mediante el cual se establece un monto de cien mil millones de dólares cada año, a partir de 2020, y treinta mil millones de dólares para el período 2010-2012, con objeto de ayudar a los países de menores recursos a sufragar los costos de la lucha contra el Cambio Climático. El documento final establece adoptar «tan pronto como sea posible» una decisión sobre compromisos para una segunda fase del Protocolo de Kioto que garantice «que no haya una brecha entre el primer y segundo período de compromisos».

2011, COP17 Durban: Nacimiento del Protocolo de Kioto-II e inicio de su muerte

La suerte del planeta no fue mejor que en Sudáfrica el año anterior, aunque algo se avanzó mediante el establecimiento de una fecha para el inicio del segundo periodo de los acuerdos de Kioto con miras a 2013, lo cual presumía evitar un vacío en materia de Cambio Climático. La cumbre concluyó con una hoja de ruta para un tratado mundial, como lo exigía la Unión Europea, que comprometería a los grandes contaminadores que no suscribieron el Protocolo de Kioto, China, Estados Unidos e India, a cumplir dicho tratado. La mala noticia fue que Canadá anunció su intención de no renovar Kioto, secundado por Japón y Rusia.

2012, COP18, Doha: Se prorroga Kioto, pero ya es imposible resucitarlo

Desde hacía un tiempo se adelantaba que en Qatar no habría grandes sobresaltos ya que sus objetivos no parecían complicados, aunque finalmente el camino resultó sembrado de obstáculos. Los 194 países reunidos alcanzaron un acuerdo mínimo, la «Puerta Climática de Doha», que prorroga hasta 2020 el Protocolo de Kioto, pero se difirieron para el año siguiente las negociaciones sobre la exigencia de mayores donaciones por parte de los países en vías de desarrollo. La mayoría de las delegaciones manifestaron su malestar porque el acuerdo final no cumplía las recomendaciones científicas, que solicitaban acciones enérgicas para contrarrestar el calentamiento global. Las emisiones de dióxido de carbono para 2012 ya doblaban las tasas de 1990.

2013, COP19, Varsovia: abandono masivo de la cumbre

El objetivo inicial en Polonia era llegar a un acuerdo para que en 2015 se pudieran reducir las emisiones de gases contaminantes. Sin embargo, a este acuerdo se opusieron varios países, entre ellos el anfitrión, poseedor de una industria basada en el carbón. Cabe destacar que en esta ocasión la ONU presentó un documento donde se asegura con una certeza de casi 100% que el ser humano es el principal causante del calentamiento global desde la década de los 1950. Finalmente se concretó una hoja de ruta hacia un pacto global y vinculante en 2015, pero quedaron muchas rendijas abiertas para ser resueltas en la cumbre de Lima del año siguiente. Hecho resaltante fue el abandono masivo, a un día del cierre de la cumbre, de las ONG y los sindicatos, hecho inédito hasta ese momento en las COP.

2014, COP20, Lima: grandes expectativas y preparativos hacia París, 2015

En la capital peruana lo más significativo fue que los Estados Unidos y China anunciaron un compromiso conjunto para la reducción de emisiones de GEI por primera vez en la historia, fundamental para que el calentamiento global no sobrepase los 2º C, límite establecido por los científicos. La ONU consideró que el objetivo era reducir las emisiones entre un 40% y un 70% para 2050 y a cero para finales de siglo. El convenio, finalmente ratificado, era un acuerdo que acercaba posturas de cara a París 2015.

2015, COP21, París: Nace el Acuerdo de Paris

Un ambicioso convenio mundial para luchar contra el Cambio Climático, negociado en el marco de la COP 21, París 2015. Fue adoptado por 197 países y su firma se inició oficialmente el 22 de abril de 2016, el Día de la Tierra. Su aplicación se iniciará en 2020. Mediante el Acuerdo de París se contempla la limitación del aumento de la temperatura mundial a 2º C mediante la disminución de emisiones de GEI, provocadas por combustibles fósiles como el petróleo, gas y carbón, los cuales al quemarse liberan dióxido de carbono a la atmósfera (CO2). Todo esto incrementa el efecto invernadero, causa del calentamiento global y el cambio climático, con consecuencias como la intensificación de las temperaturas mundiales, aumento del nivel de los mares, inundaciones, deslaves, huracanes, tornados, incendios forestales y otros fenómenos catastróficos, capaces de poner en peligro de extinción a muchas especies que habitan la Tierra, homo sapiens incluido.

Ver artículo relacionado: ¿Son realistas los objetivos del Acuerdo de París?

2016, COP22, Marrakech

En la capital marroquí se llevó a cabo la vigésima segunda edición de las COP, caracterizada por su bajo perfil y escasa cobertura mediática, por lo cual algunos la han llamado “reunión técnica”. En esta reunión se adoptó un papel de trabajo para aplicar el Acuerdo de París y se aprobó una hoja de ruta que conduciría a las normas que guiarán al esencial acuerdo. Se estableció la COP24, Polonia 2018 para su conclusión e inicio de su puesta en marcha, especie de puente hacia 2020, cuando comience la implementación del Acuerdo de París.

COP23, 2017 Fiji-Bonn.

Entre el 6 y 17 de noviembre de 2017 se llevó a cabo en Bonn la vigésima tercera Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático. La ciudad alemana facilitó el espacio, la infraestructura y parte de la organización necesarias para llevar a cabo el evento. Fiji, un minúsculo país insular de las Polinesias, cuya poca altura la hace muy vulnerable a los efectos previsibles del cambio climático, presidió la conferencia. Por dicho motivo, su primer ministro, Frank Bainimarama, asumió la presidencia de la COP23 determinado a mantener el impulso del Acuerdo de París. Estados Unidos se presentó a la conferencia con una delegación de bajo rango, tras la decisión de Donald Trump de abandonar el Acuerdo de París. El discurso del representante de China evidenció un papel más activo respecto a conferencias anteriores. En la reunión se conoció que más de una veintena de países creó una alianza global mediante la cual se comprometieron a eliminar el carbón de la generación eléctrica antes de 2030. Sin embargo, entre los países firmantes no figuran Alemania, España y Polonia, ni los tres mayores consumidores de carbón, China, India y EE. UU.

Todo transcurrió con normalidad hasta que en la última noche se presentó una situación que paralizó la reunión, la cual se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Miguel Arias Cañete, comisario Europeo de Acción por el Clima, declaró a EFE que “naciones que no han puesto objeciones en todo el proceso previo a esta cumbre del clima y durante la misma, las están poniendo en este momento con la esperanza de conseguir resultados para sus países”. Otras fuentes aseguraron que estos Estados son los llamados “Países en desarrollo con la misma visión”, como China, India, Arabia Saudí e Irán, que quieren “desvirtuar” un artículo del Acuerdo de París, denominado “Diálogo de Talanoa”, en el que los países se comprometen a revisar la ambición de sus compromisos climáticos nacionales en 2018. Finalmente, las controversias quedaron zanjadas. La síntesis de la COP23 quedó expresada por Michael Schäfer, de la organización ambientalista WWF: “La conferencia del clima no fue un gran golpe, pero tuvo los resultados esperados. En Bonn se trabajaba en la letra chica y la conferencia ha producido mucha letra chica. Pero todavía no hemos llegado a la meta ni por lejos”. La señora Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la CMNUCC, Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático concluyó: “con la adopción del Diálogo de Talanoa la conferencia ha facilitado una plataforma de lanzamiento para pasar a la siguiente etapa de mayor ambición”.

COP24, 2018, Katowice, Polonia

Entre el 3 y el 14 de diciembre de 2018, en la ciudad de Katowice, Polonia, se celebró La COP24, bajo el lema “Cambiemos juntos”. Esta fue la tercera vez que Polonia sirvió de escenario para estas importantes conferencias. La 24ª Conferencia de la Partes fue una de la reuniones más herméticas y menos noticiosas que hemos visto. Quizás el lugar y la fecha elegidos contribuyeron a la poca cobertura mediática y al escaso interés de parte del público durante el evento, el cual solo repuntó, en parte, ya concluida la cumbre.

Respecto al lugar, se podía prever que Polonia no iba a ser muy activa en cuanto a la conferencia ni a los acuerdos climáticos, por ser el principal productor de carbón de Europa, y por la cantidad de veces que ha dado muestras de no estar en capacidad de abandonar su principal recurso energético. Mientras que la fecha elegida, entre el 3 y el 14 de diciembre, es un período en que ya mucha gente tiene la mente ocupada en las vacaciones y fiestas de fin de año. Quizás por ello la COP24 no fue tan afortunada, mediáticamente hablando, como la COP23, Bonn-Fiji, entre el 6 y 17 de noviembre de 2017.

La controversia ocurrida en Katowice no fue en torno al Acuerdo de París directamente, sino sobre el documento del IPCC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que presentó en octubre de este año su Quinto Informe de Evaluación, cuyo principal objetivo es limitar la subida de temperaturas a 1,5 grados centígrados desde su nivel preindustrial. Esta meta, según dicho informe, “requerirá de cambios sin precedentes” a nivel social y global, por la gravedad de la situación del planeta, debido al incremento sostenido de la temperatura mundial, y todas sus consecuencias previsibles.

Un cuarteto petrolero conformado por Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Kuwait no le dio la bienvenida al informe. Estados Unidos argumentó que darle la bienvenida significaba aceptarlo. El presidente Trump fue tajante al expresar que no estaba de acuerdo con el informe del IPCC, ni creía en su contenido. El representante de Arabia Saudí fue más lejos y se atrevió a decir, tras bastidores, que “el Acuerdo de París ha muerto”.

Por último, en el comunicado final de la ONU podemos leer: “Los gobiernos han adoptado un robusto conjunto de directrices para aplicar el histórico Acuerdo de París sobre el cambio climático aprobado en 2015. La aplicación del acuerdo beneficiará a todas las personas, pero especialmente a las más vulnerables.”

Se ha acordado el Paquete de Katowice para el clima, que está diseñado para hacer operativo el régimen de cambio climático contenido en el Acuerdo de París. El comunicado final de la secretaría de la ONU para el Cambio Climático señala: “Este paquete de directrices promoverá la cooperación internacional y provocará una mayor ambición en la acción climática. Gracias a estas directrices, los países podrán tener confianza en que todos ellos están desempeñando el papel que les corresponde frente al desafío del cambio climático”. Sin embargo, el comunicado reconoce: «Desafortunadamente, al final, no se han superado las diferencias».  Preocupante corolario cuando apenas faltan dos años para la entrada en vigor del Acuerdo de París.

WWF España resumió lo ocurrido en Polonia así: “los líderes mundiales llegaron a Katowice con la tarea de responder a los últimos datos de la ciencia climática, que ha dejado muy claro que solo tenemos 12 años para reducir las emisiones a la mitad y evitar un calentamiento global catastrófico. Se han logrado avances, pero lo que hemos visto en Polonia revela una falta de comprensión fundamental de la urgencia climática actual por parte de algunos países. El futuro de todos está en juego. Necesitamos que todos los países se comprometan a aumentar la ambición climática antes de 2020.”

Hacia la COP25, 2018, Santiago de Chile

Chile será el anfitrión de la COP25 en 2019, con la coincidencia de que la Conferencia Climática más importante del mundo celebrará su cumpleaños número 25 en territorio latinoamericano. Creemos que después de un cuarto de siglo de lucha contra el cambio climático, también la COP merece cambios significativos. Chile tiene una oportunidad de oro en sus manos para llevar a cabo estos cambios. El 90% de la gente, incluyendo profesionales y personas cultas, ignora qué es una Conferencia COP. Por otra parte, el aspecto medioambiental es percibido por el gran público como un tema aburrido. Hay que involucrar a más gente en la lucha contra el cambio climático, más cuando los próximos años se perciben cambios dramáticos en la Tierra. De aquí en adelante comienza la cuenta regresiva para evitar un colapso de grandes proporciones. A todas luces se vislumbra un choque de constelaciones entre los negacionistas y los partidarios de las energías limpias. Mientras más personas se involucren en el conocimiento del problema y se hagan partes de las soluciones, habrá más probabilidad de frenar el cambio climático.

Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Actualizado a abril de 2019