Revisado en junio de 2019

La Cumbre de Río fue una reunión fundamental, puesto que allí se sentaron las bases para afrontar las múltiples amenazas que se ciernen sobre la vida en la Tierra en este siglo XXI. Sin embargo, las declaraciones, convenios y programas que allí se establecieron no tuvieron carácter vinculante. En palabras coloquiales, no se creó un marco legal que obligara a los países o a las partes a cumplirlos. Es por esto, en parte, que luego de transcurrido 27 años, la mayoría de las metas no se ha alcanzado.

La Segunda Cumbre de la Tierra, que también se le llama, se celebró en Río de Janeiro, Brasil, entre el 3 y el 14 de junio de 1992. La Primera Cumbre de la Tierra tuvo lugar en Estocolmo, Suecia, en 1972. La reunión de Río fue organizada por la ONU, con Maurice Strong como su secretario general. Contó con la asistencia de 172 países, incluidos 108 Jefes de Estado y de Gobierno, además de 400 representantes de organizaciones no gubernamentales. Por otro lado, unas 17.000 personas asistieron al Foro de las ONG, celebrado paralelamente a la Cumbre.

Entre las bases establecidas en la conferencia de 1992 tenemos:

1. La Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

Se compone de 27 principios. Básicamente una reafirmación de los 26 principios de la Declaración de Estocolmo. De esos vamos a anotar solo los dos primeros. (En este enlace se puede encontrar los 27 principios de la Declaración de Río).

Principio 1: Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.

Principio 2: De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y los principios del derecho internacional, los Estados tienen el derecho soberano de aprovechar sus propios recursos según sus propias políticas ambientales y de desarrollo, y la responsabilidad de velar por que las actividades realizadas dentro de su jurisdicción o bajo su control no causen daños al medio ambiente de otros Estados o de zonas que estén fuera de los límites de la jurisdicción nacional.

2. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Uno de los logros más destacados de la Cumbre de Río fue el establecimiento de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), que entró en vigor en marzo de 1994, con la premisa de reforzar la conciencia pública a escala mundial sobre los problemas relativos al Cambio Climático. Entre los objetivos de la CMNUCC se destaca la necesidad de estabilizar las concentraciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera para impedir riesgos en el sistema climático.

3. La creación de las COP, conferencias climáticas anuales

Se acordó la creación de la COP, Conferencia de las Partes, como el órgano supremo de la CMNUCC y la asociación de todos los países y partes que forman parte de ella. Ya no habría que esperar diez o veinte años para la siguiente reunión climática, puesto que se decidió que la realización de la COP sería anual, lo cual se ha cumplido al pie de la letra. La COP25-2019 se realizará en Chile. En las COP intervienen expertos en medioambiente, ministros, jefes de estado y organizaciones no gubernamentales.

4. Declaración de principios relativos a los bosques.

La Declaración de los principios para la ordenación sostenible de los bosques que, no tiene fuerza jurídica obligatoria, “dispone, fundamentalmente, que todos los países, en especial los países desarrollados, deberían esforzarse por reverdecer la Tierra mediante la reforestación y la conservación forestal; que los Estados tienen derecho a desarrollar sus bosques conforme a sus necesidades socioeconómicas, y que deben aportarse a los países en desarrollo recursos financieros destinados concretamente a establecer programas de conservación forestal con miras a promover una política económica y social de sustitución”.

5. Convención de la lucha contra la desertificación.

En la Cumbre de Río se trató el problema de la desertificación, que desde hace tiempo viene tomando características alarmantes. En Río se adelantó acerca de cómo hacer frente al problema y se apoyó un nuevo enfoque integrado sobre el mismo. Entró en vigor el 26 de diciembre de 1996”. El extenso documento de la ONU, “Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por la sequía grave o la desertificación, en particular en África” consta de 6 partes, 40 artículos y decenas de secciones y numerales.

6. Convenio sobre la Diversidad Biológica.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) es un tratado internacional jurídicamente vinculante con tres objetivos principales: “la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. Su objetivo general es promover medidas que conduzcan a un futuro sostenible”.

7. El Programa 21. Plan de acción mundial para promover el desarrollo sostenible.

El Programa 21, también conocido como Agenda 21, contiene más de 2.500 recomendaciones prácticas. En él se abordan los problemas más urgentes. “Su objetivo es preparar al mundo para los retos del próximo siglo. Incluye propuestas concretas en cuestiones sociales y económicas, como la lucha contra la pobreza, la evolución de los modelos de producción y consumo, la dinámica demográfica, la conservación y ordenación de nuestros recursos naturales, la protección de la atmósfera, los océanos y la diversidad biológica, la prevención de la deforestación y el fomento de la agricultura sostenible.”

Conclusiones:

Debemos concluir que la mayoría de los objetivos de la Cumbre de Río no se han alcanzado. Cuando escribimos esto, apenas falta un año para la entrada en vigor del Acuerdo de París. Por más que la ONU, las ONG y otros entes se esfuercen con sus buenos propósitos por revertir el cambio climático y sus efectos adversos, se les ha hecho difícil convertir esas intenciones en realidades. Esto se debe, principalmente, a que los grandes intereses son permanentes frenos y muros de contención ante cualquier acción que se decida a favor de la vida en el planeta que toque sus intereses. Por ahora no existe un contrabalance efectivo en la sociedad que pueda tener algún peso en esta lucha asimétrica.

Para comprobar que la mayoría de los objetivos de la Cumbre de Río no se han alcanzado, en vez de usar opiniones subjetivas o comentarios sin base científica, debemos apoyarnos en datos e informaciones proporcionados por la ciencia.

La ciencia está en capacidad de saber si la superficie de los desiertos ha aumentado o disminuido; si hay más o menos plásticos en los océanos que hace unos años; cuánta área de un bosque ha sido esquilmada en 1, 10 o 25 años; si se ha incrementado la temperatura global en cierto periodo medido; que cuántos incendios forestales ocurren cada año y cuánta superficie se quema; cuánto ha disminuido la población de vertebrados en medio siglo; cuántas especies se han extinguido y muchas otras informaciones. Todo esto se ha hecho y el resultado es que cada vez estamos peor que antes, con excepción del inicio del cierre de los agujeros de ozono, como resultado de los acuerdos alcanzados con el Protocolo de Montreal.

Sabiendo esto, no nos hace falta un oráculo de Delfos para adivinar el futuro, tal como lo hacían los atenienses 2500 años atrás. Ellos tenían una especial inquietud por conocer el porvenir que les esperaba. Tampoco necesitamos de pitias o pitonisas que nos entreguen por escrito nuestro destino, como lo hacían con los griegos.

Nuestro futuro se escribe todos los días sobre la atmósfera con letras de carbono. El lenguaje se llama PPM y el templo de Delfos del siglo XXI no está al pie del monte Parnaso sino en Hawái y es el Observatorio de Mauna Loa. No es mitología, superstición ni religión. Es un mensaje que solo la ciencia puede leer, los medios difundir y la humanidad recibir. Hay que ser tonto para no hacerle caso a un futuro que anuncia peligro y no hacer ningún esfuerzo para evitarlo.

PPM significa partes por millón de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, que por millones de años han producido el efecto invernadero, característica que ha permitido la vida en la Tierra, debido a su cualidad de mantener una temperatura bastante constante en el planeta. El incremento de las PPM, debido a nuestras emisiones de CO2, aumenta el calentamiento global y su efecto el cambio climático.

En 1750, a inicios de la Revolución Industrial, las PPM de CO2 estaban en 280. Cuando transcurría la Conferencia de Estocolmo, en 1972, se encontraban en 330 PPM. 20 años después, durante la Cumbre de Río ya había alcanzado 360 PPM. La marca psicológica de 400 PPM se rompió en 2016 y desde entonces ha subido a 415, cifra del 19 de mayo de 2019, proporcionada por Mauna Loa.

Incrementos como éstos no habían sucedido en la Tierra desde hace millones de años. Estas son las letras de carbono que nos están avisando que la temperatura seguirá en constante aumento.

La situación aún es reversible. La producción de coches eléctricos, la energía eólica y la energía solar van en aumento. Sin embargo, esto no es suficiente, porque mientras tanto continúa la búsqueda compulsiva de yacimientos petrolíferos; se incorporan más países a extraer combustibles fósiles mediante el fracking; se siguen deforestando los bosques del mundo para alimentar la industria maderera, dar cabida a las siembras de soja, palma de aceite y a la cría de ganado vacuno; se continúa la contaminación de los océanos con plásticos, vertidos industriales y aguas residuales.

Y llegamos a hoy día, cuando de manera sorpresiva los adolescentes y jóvenes han tomado la batuta y están dando el ejemplo en la lucha contra el cambio climático. Mediante sus movimientos “Friday For Future”, “Jóvenes por el Clima” o “Extinction Rebellion”, parecen representar ese contrabalance que hacía falta para presionar a los negacionistas y romper con la asimetría existente.

Inspirados por la joven Greta Thunberg, muchos adolescentes y jóvenes con sus huelgas, marchas y mega concentraciones en cientos de países, han comenzado una titánica labor. Buscan atraer con su movimiento las miradas de aquellos que volteaban la cara ante los informes de los activistas de la Tierra. Su mensaje va dirigido a los centros de poder, políticos y económicos, exigiendo los cambios necesarios para garantizar el futuro de su generación y las siguientes por venir. Por ahora han logrado que algunos países y ciudades han declarado Emergencia Climática, un importante inicio para esta nueva etapa en la lucha para garantizar el futuro.

Sandor Alejandro Gerendas-Kiss