Breve Historia de la fundación de Caracas. Parte 4

Guaicaipuro entra en escena

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 14 de julio de 2017

 

Caracas y el Avila 4 para WEB SGK Serie articulos "Breve historia de la fundación de Caracas" por Sandor Alejandro Gerendas-KissAl poco tiempo de ser defenestrado y apresado, Francisco Fajardo fue liberado y pasó a El Tocuyo a exponer sus quejas al gobernador, quien reconoció la injusticia de que había sido objeto y lo declaró inocente, pero sin restituirlo en sus anteriores cargos. Como especie de premio de consolación lo nombró justicia mayor de El Collado, dejando el mando de San Francisco a Pedro de Miranda, nuevo hombre fuerte del valle de los caracas.

Miranda se trasladó a las minas de los teques, las que había descubierto Fajardo, para iniciar la extracción del dorado metal con algunos soldados y esclavos negros. Luego envió a Luis de Seijas con 25 tropas a explorar la parte oriental del valle, entrando por los mariches, nación compuesta de numerosos pueblos que habitaba el lugar. Apenas pisaron la primera población indígena cuando le salió de frente el cacique Sunaguato, con varios escuadrones de flecheros que se apresuraron a cercarlo. Seijas utilizó un pequeño cañón causando graves bajas a los indios, matando incluso a Sunaguato. Los supervivientes, que jamás habían visto arma de guerra semejante, quedaron tan aterrados que se dispersaron a gran velocidad.

Con todas estas novedades no tardaría en entrar en escena el cacique de caciques Guaicaipuro o Guacaipuro. En tierras de los teques mostró claras señales de su decisión de defender su territorio a toda costa. La actitud de sus guerreros y la disposición en que los colocó alrededor de la mina donde se encontraban Miranda y su gente, anunciaba un inminente ataque. Cuando Seijas regresó de su expedición, con gran prisa evacuó a la gente del lugar, y con una buena carga de oro llegó a El Collado. Una vez en el puerto dejó encargado a Fajardo del mando y con excusa de ir a dar informe al gobernador salió para El Tocuyo, donde hizo una relación sobre el formidable valle “dotado por la naturaleza de inusuales templanzas”, pero también relató la tenacidad de los indígenas. Ante estas noticias Collado aceleró preparativos para imprimir un nuevo giro a la guerra y a tal fin escogió al veterano Juan Rodríguez Suárez, natural del Nuevo Reino de Granada, con título de teniente de gobernador. Ya entrado 1560, el fundador de Mérida salió con 35 hombres para la tarea encomendada.

Cuando Rodríguez Suárez llegó al territorio de los teques mandó avisar a Fajardo de los poderes que traía y de la cooperación mutua que ambos debían adoptar, al tanto que reanudaba las labores de las minas. Francisco, quien se encontraba en El Collado, correspondió a su llamado, además de enviar algunos hombres de refuerzo, ante noticias de nuevos movimientos de Guacaipuro. Tras cinco acometidas y numerosas pérdidas de sus guerreros, el cacique tuvo que solicitar un armisticio, lo cual fue concedido por Rodríguez Suarez. El neogranadino dejó las minas a cargo de su gente para que continuaran con sus labores y cuidasen de sus dos pequeños hijos que había traído del Nuevo Reino. Salió con sus soldados en campaña, con intención de explorar los alrededores de la provincia y finalmente bajar al litoral para entrevistarse con Fajardo.

Guaicaipuro aprovechó la ausencia de Rodríguez y sus soldados para emprender venganza, “juntó 500 indios de los de su mayor satisfacción y dando sobre la ranchería en el silencio de una noche, pasó a todos sus moradores a cuchillo (…)”, utilizando las palabras de Oviedo y Baños, incluso los dos menores hijos de Rodríguez. De la matanza solo pudo librarse un indio, quien se apresuró a dar las malas nuevas a su jefe, pero anduvo desorientado y por ello tardó doce días en hallarlo. Al enterarse de lo ocurrido, Rodríguez marchó a San Francisco para planificar sus próximos pasos. Pero al llegar se encontró con una nueva contrariedad: las casas reducidas a cenizas, la gente de servicio muerta y el campo regado de cuerpos. El ganado también yacía flechado en el suelo. Todo por obra de Paramaconi, cacique de los indios toromaimas, instado por Guaicaipuro a una alianza para expulsar a los extranjeros de la provincia.

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