Juan Rodríguez Suarez, Guaicaipuro y el Tirano Aguirre

Breve Historia de la fundación de Caracas. Parte 5

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 15 de julio de 2017

 

Caracas y el Avila 5 para WEB SGK Serie articulos "Breve historia de la fundación de Caracas" por Sandor Alejandro Gerendas-KissJuan Rodríguez Suárez, al tomar conciencia de las fuerzas de las tribus del valle de los caracas, ya no le quedaron dudas de que sin la cooperación de Fajardo aquella empresa sería inviable. Decidido a reunirse con el conquistador defenestrado, dejó a sus soldados en San Francisco, al mando de Julián de Mendoza, y con apenas dos infantes se dirigió al litoral. Casi de inmediato a su salida, apareció el cacique Paramaconi con 600 flecheros en el hato, sorprendiendo a Mendoza y su gente cuando se dedicaban a recoger el ganado sobreviviente de la matanza, hecha por el mismo cacique. Los españoles se introdujeron en los potreros para guardar sus espaldas, pero cinco de ellos se decidieron por un temerario ataque, con sus caballos y lanzas se arrojaron contra la enorme masa de indios. Éstos arrojaron una lluvia de flechas sobre ellos, hiriendo a los atacantes. En medio del fragor de la batalla se rompió la empalizada y con gran estruendo salió el ganado. La confusión de la estampida fue aprovechada por los españoles para rechazar a Paramaconi, quien tuvo que retirarse con considerables bajas.

Temiendo que los indios regresaran por la revancha, Mendoza optó por abandonar el lugar y emprendió retirada a El Collado. Al poco se topó con Rodríguez, que, al tener conocimiento del ataque, se devolvió para apoyar a sus hombres. Cuando se enteró de que Mendoza quería abandonar el valle, enseguida lo desautorizó y elevó el hato que Fajardo había fundado a la categoría de Villa de San Francisco, nombrando alcaldes y regidores, además de repartir tierras y solares a la gente. De este modo Julián de Mendoza y Antón Salvador resultaron ser los primeros alcaldes del valle de los caracas. Como los indios no aparecían, Rodríguez salió a las cercanías, teniendo una intensa batalla con Paramaconi. Cuenta el hermano Nectario: “quiso Rodríguez Suárez castigar a Guacaipuro por haber traicionado su palabra y asesinado a sus dos hijos y a los encargados de las minas, salió con su gente a campaña por tierras de los teques, pero nunca pudo dar con el paradero del cacique, aunque siempre venció a los naturales en los diferentes encuentros que con ellos tuvo”.

Al poco tiempo se recibieron noticias de que los marañones, los hombres del tirano Aguirre, que venían de someter durante seis de semanas de terror a los margariteños, habían desembarcado en Borburata y se dirigían hacia el centro. Rodríguez Suárez suspendió de momento la guerra con Guaicaipuro y se puso en movimiento para impedir el avance de las huestes de Aguirre. Salió con una pequeña comitiva de seis hombres y pasó la primera noche en el río San Pedro. Al día siguiente llegó a la parte alta de la serranía de las Lagunetas, encontrándola ocupada por gran cantidad de indios, al mando de Terepaima, el amigo de Fajardo, al tanto que Guaicaipuro venía por detrás siguiendo sus pasos. Al percibir la superioridad numérica, Rodríguez resolvió con sus compañeros vencer o morir.

Al ver Rodríguez Suárez que no podía mantener el combate, se refugió con sus hombres debajo de un gran peñón para cubrir sus espaldas y pasar la noche. Los indios encendieron fogatas a su alrededor para evitar que pudieran escapar y se mantuvieron en vela hasta la mañana siguiente. Al amanecer, los guerreros de Terepaima intensificaron los ataques. Por la tarde, Rodríguez Suárez dejó a cuatro de sus compañeros para que defendieran la peña y salió con otros dos para enfrentar a Guaicaipuro. Al no dar con el cacique regresaron. Viendo lo comprometido de la situación Rodríguez envió a Alonso Fajardo a Valencia en busca de refuerzos, pero el hermano de Francisco fue muerto por los indios, al ser delatado por los ladridos de un pequeño perro que había criado.

Al final de la segunda noche, Rodríguez y sus compañeros decidieron abandonar la gran roca, dando pelea a los indios, pero agotados por la sed, el hambre y el cansancio fueron cayendo uno tras otro. Por último, dejó de existir Juan Rodríguez Suárez, cofundador de Pamplona, salvado de la horca mediante una espectacular fuga, fundador de Mérida, primer asilado político de Venezuela y cuasi fundador de Caracas. No se sabe si murió a manos directas de Guaicaipuro, aun cuando Rafael Baralt asoma esta posibilidad, pero sí que el principal cacique se posesionó de su espada como trofeo y la utilizó como arma personal hasta el día de su muerte.

 

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