Primeras vacas caraqueñas y origen del nombre del cerro El Ávila

Breve Historia de la fundación de Caracas. Parte 3

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 12 de julio de 2017

 

Caracas-y-El-Avila-3-para-WEB-SGKEn 1560 Francisco Fajardo se dirigió a La Española para exponer su proyecto fundacional directamente a la Real Audiencia y solicitar una autorización emanada de la más alta instancia, la cual obtuvo, además de una ayuda material. En Margarita logró reunir doscientos indios y once españoles. Con esta numerosa expedición salió una vez más hacia las costas del litoral central, pero no se detuvo en Chuspa, ni en Panecillo, eludiendo a los indios del lugar. En vez de ello se dirigió a Caruao, donde encontró a Guaicamacure, dejando bajo su cuidado gran parte de su tropa, mientras se iba a El Tocuyo para entrevistarse con el nuevo gobernador, Pablo Collado.

Salió con intención de tomar el camino de las serranías y atravesar zonas ignotas a fin de reconocer el territorio donde planeaba levantar su asentamiento. Desestimó los consejos del cacique, quien le advirtió que debía pasar por territorios poblados por varias naciones con el evidente peligro a que se exponía. Pero Fajardo, confiando en sus habilidades lingüísticas y sus dotes de persuasión, salió con apenas cinco hombres por aquel camino. Todo iba bien hasta que llegó a los altos denominados Lagunetas, en cuyas laderas se topó con Terepaima. El cacique se sorprendió con el atrevimiento de aquel pequeño grupo, pero Fajardo le habló en su lengua y explicó que era hijo de la cacica Isabel, con lo que fue tratado en paz y amistad e incluso acompañado hasta lugar seguro, desde donde se trasladó a Nueva Valencia, para continuar a El Tocuyo. Aquí se entrevistó con Collado, quien le extendió título de teniente general con amplios poderes para asegurar la fundación y repartir encomiendas bajo la promesa de que poblaría un asentamiento con el nombre de Villa de El Collado.

A su regreso Fajardo pasó de nuevo por Valencia, donde se proveyó de un lote de ganado vacuno y otros abastecimientos para el poblamiento que se proponía realizar. Trasladó los animales a través de los valles de Aragua hasta las regiones de los meregotos, donde regaló a Terepaima una vaca, lo cual constituía una exótica novedad en aquel privilegiado, pero semi aislado valle. No había ganado vacuno ni porcino en América, tampoco aves de corral, salvo pavos en Norteamérica. Los primeras ejemplares que vieron tierras americanas los trajo Colón en su segundo viaje. Fajardo continuó camino hacia el valle de los caracas y pudo culminar el proyecto que desde hacía años le quitaba el sueño. Fundó un pueblo que bautizo como San Francisco, para honrar a su santo patrono.

En aquel maravilloso y apacible valle, dotado de innumerables ventajas, el pasto crecía con facilidad sobre sus fértiles suelos, regados por las cristalinas aguas que bajaban de la multicolor montaña, lo cual reproduciría con gran velocidad los recién implantados ejemplares. Aquellas primeras vacas con su quieto caminar, sus mugidos y largos desplazamientos, conformaron una bucólica imagen con la majestuosa cordillera como telón de fondo, que los indios llamaban Guaraira-Repano y los españoles bautizarían más adelante como el cerro de Ávila, por haber construido en sus faldas Gabriel del Ávila, un activo vecino, su morada. La leyenda cuenta que la gente de tanto decir vamos donde Ávila, vamos donde Ávila, sin proponérselo acuñó al cerro su nombre.

Después de entablar la paz y amistad con los toromaimas, chagaragatos y teques, Fajardo bajó al litoral y allí fundó El Collado, en el sitio que hoy ocupa Caraballeda. Cumplida su promesa al gobernador, regresó al valle de San Francisco, donde recibió noticias de los indios sobre la existencia de oro en las cercanías, en el lugar donde se asentaban los teques. Al obtener unas muestras de muy buena calidad y en cantidades aceptables, las envió a El Tocuyo para someterlas a la consideración del gobernador. Viendo Collado los buenos trozos del dorado metal, destituyó a Fajardo y mandó a Pedro de Miranda, en calidad de sustituto, con una comisión de 25 españoles y algunos negros, para realizar las labores en las minas. El primer acto de Miranda fue apresar a Francisco Fajardo y enviarlo junto con una escolta a Borburata.

 

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