Breve Historia de la fundación de Caracas. Parte 2

Segundo viaje de Francisco Fajardo

Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Publicado el 12 de julio de 2017

 

Caracas y el Avila 1 para WEB SGK Serie articulos "Breve historia de la fundación de Caracas" por Sandor Alejandro Gerendas-KissFrancisco Fajardo partió en su segundo viaje al litoral central, esta vez acompañado por la propia cacica Isabel, con el fin de aprovechar la ascendencia materna sobre los pobladores de la zona. También llevaba consigo a sus dos hermanos, algunos españoles y cien indios guaiqueríes. Ya había entrado 1557 cuando hizo escala en Píritu, donde pudo contactar con dos caciques, ya convertidos al cristianismo, Alonso Coyegua y Juan Caballo. Éste último se unió a la expedición y aportó a cien de sus indios. Tomaron tierra en el puerto de Chuspa, en un sitio llamado Panecillo, en algún lugar entre Caraballeda y Catia la Mar. Allí recibieron la visita de los caciques Paisana y Guaicamacure, y otros que vinieron a ver la extensa comitiva y le pidieron que se quedaran a vivir con ellos, invitándolo a asentarse en unas tierras cercanas.

Fajardo agradeció el ofrecimiento, pero resuelto a proseguir sus planes fundacionales, se excusó y siguió adelante. Sabiendo que para constituir pueblo necesitaba la autorización del gobernador de la provincia, navegó costa abajo con un pequeño séquito hasta Borburata, en las cercanías del actual Puerto Cabello, para continuar por tierra hasta Barquisimeto, que apenas tenía cinco años de fundada. De allí pasó a El Tocuyo, donde fue recibido por el alcalde Gutierre de la Peña, quien le prestó el mayor apoyo y otorgó amplio título “para que en su nombre pudiese gobernar toda la costa, desde la Borburata hasta Macarapana, con poder y facultad de poblar todas las villas y lugares que le pareciesen convenientes”. Según consta en su información de méritos y servicios.

Satisfecho de su gestión, Fajardo regresó a Panecillo, donde encontró a su gente temerosa por su tardanza. Fundó Villa de Catia, probablemente en 1558. Al principio todo fue del agrado de los indios, pero al poco tiempo comenzaron a sufrir algunas vejaciones de los soldados, afectando las buenas relaciones con los que recibieron a Fajardo y su gente. Algunos caciques estaban dispuestos a utilizar la fuerza de las armas para expulsarlos y a tal efecto realizaron una reunión. Guaicamacure se opuso al uso de la violencia e insistió en arreglar las cosas por medios pacíficos. Fajardo quiso retirarse del lugar, pero Paisana y su compañía aparecieron a la vista y con gritos de guerra acometieron contra la villa, obligando su rendición. Francisco la defendió con su gente, armados con espadas y flechas, causando gran mortandad en las filas del cacique. Éste desistió del ataque, pero puso cerco a Villa de Catia, envenenando las aguas de los pozos, tratando de obligar a Fajardo a retirarse por el mar.

Decidido a amparar el asentamiento que había fundado, Fajardo fortificó su perímetro con estacas de madera, en prevención de un nuevo ataque de Paisana. Dejó a su madre en la villa, en compañía de veinte indios, dividió a su gente en dos escuadras y se dispuso a romper el cerco que le tenían puesto. Al amparo de la noche salieron de la villa y sorprendieron a Paisana, pero el cacique pudo obligar a Fajardo y sus guerreros a retirarse, aun cuando terminó con sus tropas muy maltrechas, teniendo que levantar el sitio. Las tropas de Fajardo también sufrieron grandes bajas durante la batalla, algunos en combate y otros por el emponzoñamiento de las aguas. Debido a ello, Francisco aceleró el regreso a Margarita.

Estando en estos preparativos, recibió una embajada de Paisana que le manifestaba su arrepentimiento y solicitaba licencia para venir a verlo. Fajardo se la concedió, pero cuando el cacique y sesenta de sus hombres aparecieron en las cercanías, recibió aviso de Guaicamacure, quien le mandó a decir que no se fiara y actuara con cautela, pues Paisana solo buscaba la oportunidad para vengarse. Ante estas noticias Fajardo se adelantó y prendió a Paisana con todos sus compañeros y “sin otra justificación, que la que dictó su cólera, faltando a la pública fe de su palabra, lo ahorcó de la cumbrera de la casa, pasando por el rigor de semejante injusticia otros diez indios, los que le parecieron los más principales de los que trajo consigo”, utilizando las palabras de José de Oviedo y Baños. Fajardo regresó a Margarita, donde comenzó a reorganizar una mayor expedición, aunque los hechos que pusieron fin a su segundo viaje opacarían para siempre su imagen en la historia.

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